jueves, 9 de julio de 2026

Perlas magnéticas para diagnosticar enfermedades virales

  

El líquido oscuro es que el que tiene las perlas magnéticas, atraído por el campo magnético ubicado a la izquierda.

Perlas magnéticas para diagnosticar enfermedades virales

Un equipo de investigación interdisciplinario de La Plata estudia el uso de nanopartículas magnéticas para desarrollar kits de diagnóstico de dengue y virus respiratorios.

Hasta el 2020 un grupo de investigadoras e investigadores del Instituto de Física La Plata (IFLP) y del Centro Regional de Estudios Genómicos (CREG) se dedicaban mayormente a hacer ciencia básica, es decir, producían conocimiento de relevancia científica que no necesariamente derivaba en una aplicación inmediata o directa.

La pandemia de COVID-19 los puso ante el desafío de aportar sus saberes a resolver problemas concretos. 

Así lo hicieron: las investigaciones que ya venían realizando sobre “materiales magnéticos” en el IFLP ahora sí tuvieron una aplicación directa y fueron claves para producir kits nacionales de diagnóstico del virus basados en nanopartículas magnéticas.

En aquel momento, uno de los cuellos de botella para abordar la catástrofe sanitaria había sido la dificultad para conseguir insumos que permitieran realizar la purificación de muestras, necesaria para implementar los diagnósticos, por eso este avance fue determinante

El producto fue testeado en seis laboratorios pertenecientes a la red que posee la provincia de Buenos Aires y los resultados demostraron que alcanzaba niveles de eficiencia comparables con las versiones comerciales. 

“Fue un antes y un después también en nuestras carreras. 

Nosotros nos ligábamos a la ciencia básica donde todo era ‘potencialmente útil para…’. Cuando hicimos algo que tenía una aplicación directa y que podíamos llegar a que se usara realmente, cambió también la forma en que hacíamos ciencia”, explicó la Dra en Física Claudia Rodríguez Torres.

En base a ese antecedente, la investigadora dirige ahora el proyecto financiado por la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) que sigue con esta línea de investigación y tiene como objetivo el desarrollo de kits basados en perlas magnéticas pero en este caso para diagnosticar dengue y enfermedades respiratorias. 

Purificación para detectar enfermedades

Cualquier proceso diagnóstico comienza con la toma de una muestra clínica, que puede ser un hisopado o una muestra de sangre, según la enfermedad que se quiera diagnosticar. 

El segundo paso es la “purificación de ácidos nucleicos”, ese es el punto concreto de intervención del proyecto.

“La purificación implica aislar el ARN o ADN, según sea el patógeno a analizar, del resto del material biológico de la muestra: lípidos, proteínas, etc. 

Necesitamos que quede solo el ADN o ARN, que es lo que luego se amplifica para detectar si está o no está el patógeno”, explicó Rodríguez Torres.

La Licenciada en Biotecnología y Biología Molecular, Carolina Otonelo, integrante del CREG, del IFLP y también de este proyecto, detalló: “Los ácidos nucleicos son las macromoléculas que contienen la información genética de los organismos y de los virus.  

Según el patógeno que se quiera detectar, esa información genética está en la molécula de ADN o ARN”. 

Hasta la pandemia, la mayoría de las purificaciones se realizaban utilizando columnas de sílice, que son insumos mayormente importados. 

A diferencia de esa metodología, la utilización de nanopartículas magnéticas tiene varias ventajas: no requiere pasos de centrifugación, se adapta mejor a laboratorios con equipamiento básico y además el proceso puede ser automatizado, lo que permite reducir el tiempo de procesamiento de las muestras.

“Actualmente ya hay varios laboratorios de diagnóstico privados y también públicos que usan robots, o sea, un sistema automatizado de purificación de ácidos nucleicos, basado justamente en perlas magnéticas”, detalló Rodríguez Torres y agregó: “nuestro trabajo ahora es adaptar el kit para los diferentes diagnósticos, porque cada patógeno lleva un protocolo de purificación diferente”.

¿Cómo funciona el kit?

Los insumos fundamentales de estos kits son las nanopartículas magnéticas, que tienen un tamaño tan pequeño (decenas de nanómetros), que no se pueden ver a simple vista. 

A éstas se las recubre con materiales que atraen el ARN o ADN y se obtienen partículas de aproximadamente un micrómetro, conocidas como perlas magnéticas.

Una vez que se tiene la muestra clínica, se la ubica en una solución denominada “buffer de lisis”. 

En ese proceso se rompen las células presentes en la muestra y las partículas virales, liberando los ácidos nucleicos, y ahí se agregan las perlas magnéticas para capturar el ADN o ARN.

A continuación, se aplica un campo magnético, las perlas se ven atraídas y quedan inmovilizadas con el ácido nucleico pegado en la superficie. 

Luego se descarta el resto de la muestra y tras unos lavados en alcohol, viene lo que se llama el “paso de elusión”.

“Se retira el campo magnético, se cambian las condiciones del medio líquido, por ejemplo el pH o la composición de buffer, para que el ácido nucleico ahora se despegue de la superficie de las perlas, se vuelven a inmovilizar las perlas con un campo magnético, pero ahora en la solución tenemos el ácido nucleico puro y eso es lo que se usa para la posterior amplificación e identificación de la existencia del material genético del patógeno”, explicó la investigadora.

Soberanía: la importancia de los insumos nacionales

El desarrollo de insumos nacionales en salud, no sólo tiene relevancia para momentos de escasez, como pudo ser la pandemia. 

“El factor económico es uno de los que más pesa porque estos kits son caros y tienen un impacto en el costo final del diagnóstico. 

Y el otro aspecto de que sea importado, es no tener el vínculo directo con el proveedor. 

Esto también le trae problemas internos a los laboratorios”, indicó el Dr en Física Pedro Mendoza Zélis, integrante del IFLP.

La dificultad es que los kits comerciales no informan la composición de los reactivos, por lo que los componentes del sistema no son sustituibles. 

“Hay laboratorios privados que nos han comentado que a veces les vienen partidas distintas, las partículas tienen otra coloración, y esto los lleva a recalcular todo otra vez en su sistema de testeo para adaptarse a la nueva partida. 

Entonces esa falta de vínculo directo con el fabricante termina siendo un problema concreto para el proceso de diagnóstico”, detalló el investigador.

En esa línea, la Dra en Ciencias Exactas Carla Layana, también integrante del proyecto, agregó: “los kits comerciales son kits ciegos, no se sabe exactamente la composición de los elementos internos. Entonces, eso limita un poco el trabajo si se requiere modificarlo o mejorarlo, porque no se sabe lo que contiene. 

Y si no se tiene una buena eficiencia con un tipo de muestra, estamos limitados para mejorar el proceso”.

El desarrollo de estos kits nacionales de diagnóstico -un trabajo interdisciplinario que además del IFLP y el CREG, incluye al Laboratorio de Salud Pública permite encontrar una solución que por un lado reduce los costos del diagnóstico y por otro aporta mayor cercanía entre los laboratorios y proveedores para mejorar la eficiencia del proceso. 

Al mismo tiempo, genera mayor autonomía y soberanía en el sistema de salud, promoviendo una menor dependencia de insumos importados.

Por David Barresi

CIC

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martes, 7 de julio de 2026

Nanotecnología aplicada al agro Buscan hacer más eficiente el uso de fertilizantes

 

 Micrografía TEM de las nanocápsulas minerales. Se distinguen las cavidades internas destinadas a la incorporación del nutriente, mientras que la propia estructura de la cápsula está constituida por elementos

Nanotecnología aplicada al agro BBuscan hacer más eficiente el uso de fertilizantes

El proyecto de científicos del CONICET y la Universidad Nacional del Litoral, que ya cuenta con varios convenios I+D con empresas del sector agrícola, avanza hacia la producción a gran escala con ensayos prometedores en cultivos de trigo y maíz.

Los investigadores del CONICET Gonzalo Berhongaray, del Instituto de Ciencias Agropecuarias del Litoral (ICIAGRO, CONICET-UNL), y Gustavo Mendow, del Instituto de Investigaciones en Catálisis y Petroquímica (INCAPE, CONICET-UNL), trabajan conjuntamente en un proyecto que busca hacer más eficiente el uso de fertilizantes en el agro a través del desarrollo de nanocápsulas que puedan contener las nutrientes que necesitan los cultivos y liberarlas de manera gradual.

Se trata de científicos que se desempeñaban en distintos ámbitos, con diferentes experticias: Berhongaray, se especializa en manejo de suelos, fertilidad y procesos biogeoquímicos asociados a la producción agrícola, mientras que Mendow tiene una amplia trayectoria en el campo de la nanotecnología y el desarrollo de sistemas de encapsulado y liberación controlada de compuestos.

Gustavo Mendow junto a Lourdes Vergara y Bárbara Sánchez quienes integran el Grupo de desarrollos e innovación de procesos químicos aplicados del INCAPE.

Hace algunos años comenzaron a trabajar juntos bajo la hipótesis de que “fertilizar mejor, no necesariamente es fertilizar más”. 

Los investigadores notaban que una parte importante de los fertilizantes aplicados no era aprovechada por los cultivos, que existían pérdidas en el suelo y que los costos de fertilización eran crecientes. 

El punto de partida fue una pregunta técnica, pero también estratégica para la agricultura argentina: ¿cómo aumentar la eficiencia del uso de nutrientes y reducir pérdidas al ambiente?

La idea inicial fue desarrollar sistemas nanoestructurados capaces de proteger nutrientes, modular su liberación y mejorar su interacción con la planta y el suelo. 

“Una de las plataformas más innovadoras dentro de este campo es el uso de nanocápsulas minerales fertilizantes cargadas con urea. 

A diferencia de otros sistemas de encapsulación donde la matriz actúa únicamente como vehículo de transporte, en este caso la propia nanocápsula constituye una fuente nutricional para la planta. 

La estructura mineral aporta nutrientes de manera gradual, mientras que la urea incorporada en su interior proporciona nitrógeno de forma controlada. 

Como resultado, se obtiene un sistema multifuncional capaz de suministrar simultáneamente tres nutrientes esenciales para el crecimiento vegetal a partir de una única formulación”, explica Mendow.

“La elevada superficie específica y las propiedades fisicoquímicas de estas nanocápsulas permiten adsorber y retener nutrientes de manera eficiente, reduciendo la velocidad de liberación en comparación con los fertilizantes tradicionales. 

Esto favorece una mayor permanencia de los nutrientes en la zona radicular y disminuye significativamente las pérdidas por volatilización de amoníaco, lixiviación de nitratos y fijación en el suelo. 

La liberación gradual del nitrógeno permite además una mejor sincronización entre la disponibilidad del nutriente y la demanda del cultivo, aumentando la eficiencia de uso del nitrógeno y mejorando el retorno económico de la fertilización”, aclara el investigador.

Gonzalo Berongaray (ICIAGRO-CONICET/UNL)

Los primeros desarrollos y los ensayos a campo

El proyecto comenzó con el diseño de formulaciones, síntesis de materiales, validaciones físico-químicas y ensayos en condiciones reales de producción. 

Desde el inicio hubo una decisión deliberada de evitar que el proyecto quedara encerrado en el laboratorio, por eso, gran parte del trabajo se enfocó en validar tecnologías directamente en campo, trabajando sobre maíz, trigo, soja, cultivos intensivos, y distintas estrategias de fertilización.

Los ensayos buscaban responder una serie de preguntas concretas: ¿se puede reducir dosis manteniendo rendimiento?, ¿se mejora la absorción de nutrientes?, ¿se modifica la dinámica del fertilizante en el suelo?, ¿qué impacto tiene sobre calidad de cultivo?, ¿cuál es el efecto económico para el productor? 

A medida que aparecieron los primeros resultados, el proyecto comenzó a consolidarse.

Uno de los hitos importantes del proceso fue el desarrollo de tecnologías propias y la presentación de la patente “Composición fertilizante y su proceso de obtención”, vinculada a formulaciones nanoestructuradas para uso agrícola. 

Ese proceso implicó integrar capacidades muy distintas: nanotecnología, química de materiales, fisiología vegetal, fertilidad de suelos, microbiología y validación agronómica a escala real.

Pronto, el proyecto dejó de ser solamente una línea experimental para convertirse en una plataforma tecnológica con potencial de transferencia. 

Los estudios y ensayos se desarrollaron en Santa Fe, articulando al CONICET con universidades, empresas y productores. 

El trabajo involucró investigadores, becarios, estudiantes, técnicos y empresas, que aportaron desde distintas disciplinas. 

La lógica siempre fue interdisciplinaria. 

En lugar de pensar la nanotecnología como un desarrollo aislado, se trabajó sobre problemas concretos del sistema productivo tales como eficiencia de fertilización, sustentabilidad, reducción de pérdidas, impacto ambiental y escalabilidad.

Lourdes Vergara (INCAPE-CONICET/UNL) manupilando el equipo de reacción para síntesis de nanopartículas.

Financiamiento y crecimiento

Con el avance del proyecto comenzaron a llegar distintas instancias de financiamiento y reconocimiento. 

El grupo obtuvo apoyo a través de convocatorias nacionales y articulaciones público-privadas orientadas a innovación tecnológica, escalamiento y validación. 

Entre ellas: proyectos de investigación y desarrollo, convocatorias orientadas a transferencia, iniciativas vinculadas a bioinsumos y nanotecnología y programas de articulación entre ciencia y sector productivo. 

En este marco, se celebraron tres convenios I+D con la empresa agrícola entrerriana Berardo Agropecuaria, como otros con empresas del sector.

En paralelo, el equipo fue ampliando la agenda de trabajo: nano y microencapsulados, fertilizantes de liberación controlada, biofertilizantes, encapsulado de microorganismos, bioinsecticidas y tecnologías asociadas a eficiencia de uso de nutrientes.

Lourdes Vergara (INCAPE-CONICET/UNL) manupilando el equipo de reacción para síntesis de nanopartículas.

“El proyecto nunca se pensó solamente como ‘hacer nanopartículas’, la pregunta de fondo siempre fue cómo desarrollar tecnologías que permitan producir más eficientemente y con menor impacto ambiental. 

Eso implicó discutir permanentemente cuestiones como la escalabilidad industrial, costos reales, adopción por productores, compatibilidad con maquinaria, estabilidad de formulaciones, regulación y validación agronómica robusta”, señala Mendow. 

Esa combinación entre ciencia básica, ingeniería y validación en sistemas reales es una de las características más distintivas del proyecto.

Actualmente se continúa trabajando en la optimización del proceso productivo de nanopartículas y realizando ensayos en trigo y maíz para continuar validando el producto a gran escala. 

El equipo de trabajo está conversando con empresas de Argentina dedicadas a la producción de fertilizantes para que apoyen y financien la salida al mercado del producto.

Gustavo Mendow (INCAPE-CONICET/UNL) en su laboratorio en el CCT CONICET Santa Fe junto al equipo de reacción para síntesis de nanopartículas.

“La historia del proyecto refleja algo que ocurre frecuentemente en el sistema científico argentino: desarrollos de frontera construidos desde vínculos humanos, interdisciplinarios y muchas veces improbables. 

Dos investigadores de disciplinas distintas construyeron una línea de investigación aplicada con impacto potencial sobre uno de los sectores productivos más importantes del país. 

También muestra la capacidad de CONICET y las universidades públicas para generar conocimiento que no queda únicamente en publicaciones científicas, sino que puede transformarse en innovación, transferencia y soluciones concretas para problemas productivos y ambientales”, concluye Berhongaray.

Por Fabián Fessia – Área de Comunicación CONICET Santa Fe

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