jueves, 27 de abril de 2017

Método de diagnóstico más eficiente con nanopartículas de plata


Jeremías Di Pietro | CCT Córdoba para la edición de Nanoscale. Imagen reproducida con permiso de Eduardo Coronado y la Royal Society of Chemistry (Nanoscale 2016,8)

La nanotecnología permitió diseñar un biosensor cinco veces más económico y entre 80 y 160 veces más sensible que el método más usado actualmente para los análisis bioquímicos de rutina.

Científicos del CONICET crearon un biosensor para el diagnóstico y pronóstico de diversas enfermedades, en base a la unión de nanopartículas de plata con moléculas biológicas.

El desarrollo estuvo a cargo del grupo de Bio-Nanoplasmómonica liderado por Eduardo Coronado, investigador principal del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Físico-Química de Córdoba (INFQC, CONICET-UNC), e integrado por Juan Fraire, becario en el mismo instituto y Rubén Motrich, investigador adjunto en el Centro de Investigaciones en Bioquímica Clínica e Inmunología (CIBICI, CONICET-UNC).

Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista Nanoscale de la Royal Society of Chemistry del Reino Unido y fue seleccionado para ocupar la contratapa.

El método creado puede detectar la presencia de antígenos específicos –agentes que que generan una respuesta del sistema inmune y pueden causar una patología- y además determinar la cantidad en la que se encuentran en la muestra.

Este procedimiento, bautizado como IDILA (del inglés Intensity Depletion Immunolinked Assay, Ensayo Inmunoasociado de Depleción de Intensidad) puede llevarse a cabo con los equipamientos disponibles en cualquier laboratorio de análisis bioquímico y presenta numerosas ventajas frente a ELISA, el método más utilizado en la actualidad para diagnosticar enfermedades diversas.

“Se realiza en menos de la mitad del tiempo, es cinco veces más económico y reconoce al antígeno en concentraciones mucho más bajas -entre 80 y 160 por ciento”, asegura Fraire.


Eduardo Coronado, Juan Fraire y Rubén Motrich. Foto: CCT Córdoba.

La clave para el funcionamiento de IDILA radica en las propiedades ópticas de las nanopartículas metálicas en solución, o sea cuando están dispersas en un medio líquido.

“Dependiendo del material que la compone, su tamaño y su forma, cada partícula es capaz de captar y amplificar una longitud de onda de luz determinada –es decir absorber o dispersar una señal lumínica de un color específico-, que puede ser medida por un equipo de uso corriente en los laboratorios, llamado espectrofotómetro.

Sin embargo, esta señal se modifica de acuerdo al entorno y de las sustancias con las que interacciona: presencia de diversas moléculas, de otras nanopartículas, etcétera”, explica Coronado.

En particular, la tecnología desarrollada consiste en la unión de nanoesferas de plata -cuyo diámetro equivale a 60 millonésimas de milímetro- en contacto con moléculas que existen naturalmente en los organismos vivos y por eso se conocen como biológicas.

La receta sería algo así: “En una solución se colocan nanopartículas de plata que presentan un color amarillo.

Luego se añade un conjunto de moléculas biológicas que se adhieren a las nanopartículas y atraen anticuerpos -sustancias generadas por el sistema inmune para defender al organismo de antígenos-.

Al interaccionar el anticuerpo con las moléculas biológicas y las partículas se forma un dímero -o sea dos nanopartículas de plata unidas por un puente molecular-.

Este dímero presenta una señal lumínica de un color amarillo más claro”, explica Fraire.

Por su parte, el anticuerpo reconoce y ataca a un antígeno específico, como piezas de un rompecabezas que encajan mutuamente entre sí y no con otros.

Entonces si a la solución en la que se formaron los dímeros se agrega una muestra, por ejemplo de sangre, que posee el antígeno específico, se pegará al anticuerpo.

Como resultado se inhibe la formación del puente molecular y por lo tanto la formación de dímeros, y queda una mayor concentración de monómeros formados por: una sola nanopartícula + molécula biológica + anticuerpo + antígeno.

La intensidad de la señal depende de la proporción de dímeros y monómeros, al desfavorecerse la formación de dímeros la señal lumínica vuelve a intensificarse y a mayor cantidad de antígeno se observa una coloración amarilla de mayor intensidad.

Medir esta señal permite, entonces saber si un paciente tiene una patología y, además determinar cuál es su grado de avance.


IDILA en detalle

“En primer lugar hicimos interactuar las nanopartículas con biotina y estreptavidina, que son dos moléculas biológicas que existen en la naturaleza y tienen altísima afinidad entre ellas, es decir que tienden a unirse”, explica Coronado.

“Entonces, la biotina une dos nanopartículas y luego atrae la estreptavidina, modificando la luz que emitían por separado”, agrega Fraire.

A su vez, la estreptavidina tiene cuatro sitios de unión –lugares mediante los cuales puede interactuar con otras moléculas-, de los cuales queda ocupado sólo uno.

Allí surgió la posibilidad de agregar a la mezcla un anticuerpo para que se adhiriera en alguno de los sitios que quedaban libres.

Agregaron, entonces, un anticuerpo que responde a un antígeno llamado interleuquina que “liberan las células del sistema inmune ante un fenómeno inflamatorio y es detectado como una amenaza en artritis reumatoidea, una enfermedad autoinmune en las articulaciones”, describe Motrich.

El resultado es entonces una especie de sándwich formado de la siguiente manera: nanopartícula – biotina – estreptavidina – anticuerpo – estreptavidina – biotina – nanopartícula. Sigue siendo un dímero, con la misma señal lumínica.



¿Qué ocurre frente a la presencia del antígeno?

Al incorporar en la solución una muestra real de pacientes ya diagnosticados con artritis reumatoidea, el antígeno interleuquina se pega a su anticuerpo específico y el dímero de plata no se forma.

Ahora la señal lumínica es de un amarillo más intenso.

A medida que aumenta la cantidad de antígeno, más intensa es la señal.

“Se construye una curva de calibración en función de la concentración del antígeno que permite cuantificarlo; de acuerdo a la intensidad de la señal lumínica que emiten las partículas puede identificarse qué cantidad de antígenos contiene la solución.

Esto se produce por la respuesta del anticuerpo y no depende del tamaño del antígeno por lo que el método podría generalizarse a otras enfermedades”, agregan Fraire y Coronado.

Esta tecnología abre infinitas posibilidades de investigación y aplicación no sólo para el diagnóstico y pronóstico de patologías sino también para, por ejemplo, el control de calidad en productos, como podría ser la detección de gluten en alimentos para celíacos.



Eduardo Coronado es miembro del Editorial Advisory Board de la prestigiosa revista The Journal of Physical Chemistry de la American Chemical Society de Estados Unidos.

Es un pionero en nuestro país en el área de la Plasmónica, que estudia las propiedades ópticas de nanoestructuras metálicas muy pequeñas (en la escala del nanometro) y sus aplicaciones para la detección ultrasensible de moléculas.

Es co-autor de una referencia clásica en el tema “The optical properties of metal nanoparticles: the influence of size, shape and dielectric environment” que ha sido la sexta publicación más citada de The Journal of Physical Chemistry durante sus ciento veinte años de historia, con casi 5000 citas.

Esta publicación es un artículo de revisión de las propiedades ópticas de nanopartículas plasmónicas con especial énfasis en el uso de modelos simples y en los métodos de cálculos que son relevantes para la interpretación de las mediciones de los espectros de extinción y la amplificación de las señales Raman inducidas por nanoestructuras metálicas (SERS)

Por Mariela López Cordero. CCT Córdoba.

Sobre investigación

– Juan Fraire. Becario doctoral. INFIQC, CONICET UNC.
– Rubén Motrich. Investigador adjunto. CIBICI, CONICET-UNC.
– Eduardo Coronado. Investigador principal. INFIQC, CONICET UNC.

CONICET


martes, 18 de abril de 2017

Investigadores argentinos crean un nanosistema que combina fotónica y plasmónica


La tapa de Journal of Materials Chemistry C. 
Foto: gentileza UNSAM

Un grupo de investigadores de la UNSAM, el CONICET, la UBA, la CNEA y el INTI diseñó un nanosistema con múltiples aplicaciones.

El desarrollo fue tapa de la prestigiosa revista inglesa Journal of Materials Chemistry C.

“Crear un nanosistema es como formar a una buena cantante y además diseñar un teatro con la mejor acústica para su voz.

Es decir, si la cantante está ubicada en el lugar adecuado, su voz va a sonar mucho mejor.

Esto es lo mismo: podemos tener una nanopartícula capacitada para detectar moléculas o catalizar reacciones químicas, pero si la colocamos en la arquitectura adecuada, va a desempeñar mejor su función”, explica el decano del Instituto de Nanosistemas e investigador principal del CONICET Galo Soler Illia, uno de los coautores de la investigación publicada por la prestigiosa revista inglesa Journal of Material Chemistry C que puede consultarse aquí.

“Lo que hicimos fue combinar el campo de la fotónica y la plasmónica, algo poco frecuente para la comunidad global de nanoóptica.

Esta unión nos permitió generar un efecto de intensificación local del campo eléctrico (llamado efecto plasmón), amplificado por la arquitectura fotónica creada a su alrededor”, amplía Soler Illia para describir el nanosistema que creó junto con María Luz Martínez Ricci, investigadora del CONICET en INQUIMAE (Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Universidad de Buenos Aires —UBA—); María Cecilia Fuertes, investigadora del CONICET en la Comisión Nacional de Energía Atómica —CNEA— y docente del Instituto Sabato; Martín Bellino, investigador del CONICET en la CNEA; Gustavo Giménez, del Instituto Nacional de Tecnología Industrial; y Rodrigo Martínez Gazoni, de la UBA, que se encuentra finalizando su doctorado en la Universidad de Cantebury (Nueva Zelanda).

“Para nosotros, la recepción que tuvo el artículo fue una gran satisfacción”, cuenta la física Martínez Ricci.

“Se trata de un artículo que tiene muchos años de trabajo interdisciplinario por detrás: la síntesis controlada de nanopartículas de plata fue la tesis de Cecilia Fuertes (ingeniera en Materiales y doctora en Ciencia y Tecnología), dirigida por Soler Illia, y a ella se suma la tesis de la Licenciatura en Física de Rodrigo Martínez Gazoni, que dirigimos junto con Martín Bellino.

El cruce de la física y la química dio lugar a este interesante trabajo que, más allá de las edades, involucra a tres generaciones de investigadores”, reflexiona.

“Es un trabajo muy visual y muy simple de hacer.

Tiene un enfoque racional que permite planificar, calcular y comprender, y que lleva a aplicaciones en el mediano plazo”, detalla Soler Illía.

“Además, es muy importante que haya sido una colaboración entre científicos de diferentes instituciones y de diferente formación técnica.

Físicos, químicos e ingenieros trabajando en conjunto; ese es el espíritu de la nanotecnología actual que queremos fomentar en el INS”.


Galo Soler Illia. 
Foto: gentileza UNSAM

Plasmónica y fotónica 

La materia a escala nano presenta propiedades emergentes que difícilmente pueden ser anticipadas con los conocimientos disponibles.

En este escenario, la plasmónica y la fotónica son dos campos muy interesantes que abren nuevas perspectivas en el manejo de la luz y de las propiedades del campo eléctrico de la materia en la nanoescala.

La plasmónica se ocupa de la interacción de la luz con los electrones de determinados materiales que están relativamente libres, como los metales.

Esta interacción da lugar a colores únicos dados por la oscilación colectiva de los electrones en una nanopartícula.

Esta técnica ha sido usada desde la antigüedad sin saber su justificativo teórico, como en la coloración de vidrios para su uso en la construcción de catedrales o la confección de vajilla con púrpura de Casio.

La fotónica es la ciencia y arte de direccionar la luz para que cumpla determinadas funciones. 

Un claro ejemplo se da en los cristales fótónicos, presentes incluso en la naturaleza. Se observa fotónica en piedras como los ópalos, en las alas de las mariposas, en los camaleones o incluso en los ojos de las moscas. 

Los colores brillantes de estos objetos e insectos se producen cuando la luz —que es una onda— interactúa con objetos de un tamaño similar. 

Esta propiedad está presente en múltiples circunstancias de la vida diaria, como el fenómeno de interferencia que se da en una capa muy delgada de nafta o aceite depositada sobre un charco de agua, lo que conlleva al refuerzo de algunos colores que son los que observamos en la superficie. 

En el caso de las mariposas Morpho, la delicada estructura de proteínas de sus alas —dispuesta en arreglos periódicamente ubicados en la escala de los cientos de nanómetros— es la responsable de su luminoso color azul. 

Estos sistemas nanométricos, organizados espacialmente en la nanoescala, se disponen de manera análoga a los átomos de un cristal. 

De allí viene el término “cristales fotónicos”. 

En un cristal fotónico, las ondas de luz se reflejan y refractan en cada uno de los objetos periódicos y dan lugar a una marcada amplificación del color azul.

El nanosistema 

La nanotecnología tiene diferentes niveles de complejidad. La síntesis de nanopartículas o películas delgadas transparentes es la piedra fundamental para esta clase de sistema nanotecnológicos. 

A partir de allí, la complejidad puede incrementarse mediante la creación de nanosistemas espacialmente organizados. 

El equipo de investigadores UNSAM-UBA-CNEA-INTI diseñó un cristal fotónico que surge de la apilación de esas películas delgadas (nanoestructuradas para regular el comportamiento de la luz) luego de haberles incorporado nanopartículas metálicas en posiciones bien definidas y estratégicamente elegidas. 

Estos nanosistemas requieren miles de cálculos y definiciones acerca de sus funciones. 

Si las capas son porosas y ópticamente claras, la luz y las moléculas pueden entrar y salir, y el nanosistema puede servir como un sensor o un centro de catálisis, apto para ser activado con irradiaciones controladas de luz.

Para este trabajo, se diseñó un cristal fotónico poroso que atrapa y concentra luz de determinado color y la inyecta en las nanopartículas de plata que están incluidas en el sistema poroso. 

Las nanopartículas reciben esa luz y pueden transferir esa energía a sus alrededores. 

Este efecto fue usado en este caso para mejorar la detección de moléculas que están atrapadas dentro de los poros. Soler Illia concluye: 

“Este tipo de nanosistemas permite al mismo tiempo atrapar un contaminante o una molécula biológica y detectarlo mediante una vía optica. 

Como la técnica que se ha desarrollado es compatible con la industria electrónica y de fibras ópticas, esto puede dar lugar a sensores ópticos de la molécula que se elija y además tiene potencial en sensado remoto en medioambiente, en la industria de alimentos o incluso en salud”.

Por Alejandro Zamponi – gentileza UNSAM.

CONICET


miércoles, 22 de marzo de 2017

Nanorremediación de arsénico en aguas para consumo humano


La presencia de arsénico es un problema que afecta a una gran parte del territorio argentino -16 provincias, 435.000 km2 y 2,5 millones de habitantes- e implica una erogación de 14 millones de dólares para el presupuesto del área de salud pública, causada por el Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico, enfermedad cancerígena que afecta a los huesos y la epidermis de los consumidores de aguas contaminadas.

El proyecto de la empresa Nanotek S.A. propone la utilización de nanopartículas de hierro cerovalente en napas subterráneas para la absorción de arsénico.

Este proceso de mitigación del arsénico utiliza luz UV para acelerar y catalizar la reacción, basada en la atracción magnética de las nanopartículas que se encargan de absorber el contaminante.

fan.org.ar

domingo, 12 de febrero de 2017

Bioplásticos para un futuro sustentable


Investigadores del Departamento de Física obtuvieron el UBATEC 2016. 

El proyecto ganador pertenece al área de estudios sobre envases y embalajes y permite seguir avanzando en la línea de los llamados bioplásticos.

La Dra. Silvia Goyanes y su equipo del Laboratorio de Polímeros y Materiales Compuestos obtuvieron un nuevo reconocimiento.

Se trata del premio UBATEC a la innovación e investigación aplicada que otorgan la Universidad de Buenos Aires, la Unión Industrial Argentina, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la Confederación General de la Industria.

Con el dinero ganado van a poder adquirir maquinaria nueva para su laboratorio y, de este modo, producir polímeros biodgradables para utilizar como envases a mayor escala.

El equipo de investigadores se conforma por físicos, químicos, ingenieros en alimentos y biotecnólogos.

Trabajan conjuntamente en la producción de un film –la película plástica que recubre los alimentos- a base de almidón de mandioca y lo mejoran con diferentes aditivos, mediante una novedosa técnica y única en la UBA, la extrusión.

“La idea es transferir al sector industrial un protocolo para que puedan fabricar envases a partir de recursos renovables y completamente biodegradables.

Propusimos desarrollar un plástico a base de almidón pero supliendo las deficiencias mecánicas que tiene el material, como la permeación al oxígeno y al vapor de agua”, dice Silvia Goyanes, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

El  proceso de enriquecer el plástico varía según la finalidad que se persigue, como ayudar a conservar alimentos para el consumo cotidiano o para proteger frutos de exportación.

Pueden sumarse antioxidantes –naturales o industriales- y comestibles como extracto de romero, yerba mate, té verde o albahaca.

También suelen incorporarse nutrientes como proteínas o hierro como suplementos del alimento en sí, cargas como refuerzo o agentes de entrecruzamiento.

Plásticos hechos de raíces

La fécula de mandioca –o yuca- tiene ventajas considerables en comparación con otras, como las hechas de papa o maíz.

Por un lado, posee mejores oportunidades alimenticias, ya que resulta apta para celíacos; y  por otro, estimula la manufactura de un cultivo que, en nuestro país, se produce más de lo que se consume.

El almidón se desintegra con facilidad una vez desechado.

Esta característica resulta muy provechosa en términos ecológicos, pero se convierte en un desafío a la hora de utilizarlo como materia prima de materiales para envases que sean competitivos con los plásticos actuales

Por lo que, los científicos buscan hacer un plástico más resistente para su manipulación y que pueda descomponerse en menos de tres meses.

En este sentido, Goyanes explica el rol fundamental que juegan las dimensiones nano -la millonésima parte de un milímetro- en su proyecto.

Con una cantidad muy pequeña de nanopartículas de almidón se modifica la estructura del producto, aumentan las propiedades mecánicas y mejoran las condiciones de permeabilidad del film.

Lo que sucede es que se pasa de una estructura lineal a otra con vueltas y rodeos, las partículas generan caminos tortuosos por lo que hacen más difícil el traspaso de las moléculas de agua o gases.

“La mirada de los físicos permite caracterizar los materiales de esta manera, hacer por ejemplo, una identificación completa del entrecruzamiento del almidón debido al de ácido cítrico”, explica  la dra. Lucía Famá, otra de las responsables de la investigación.

Este ácido natural -comestible y de bajo costo- permite que el nuevo material se comporte como una red de tres dimensiones, más estable frente a la humedad y al agua.




Premio a la innovación

Con el galardón, los científicos pueden continuar el proceso de los biopolímeros a través de otra máquina que se suma a la producción.

Hasta ahora el laboratorio cuenta con una extrusora  que fabrica “hilos” de plástico -igual a la que se utiliza en la industria-, pero no contaban con la sopladora que permite transformar las hebras en bolsas.

“El desafío es mantener la distribución de las nanopartículas de almidón en una masa macroscópica, es esta caso la bolsa o el film continuo.

Esa correcta distribución de las nanopartículas es la que va a garantizar las propiedades de permeación, de elongación y de tracción necesarias en el nuevo material”, detalla Goyanes.

Las investigadoras aclaran que la nueva línea de envases seguirá siendo biodegradable pero no comestible.

Algunos aditivos aportan más resistencia al packaging  y pueden resultar muy útiles y resistentes para, por ejemplo, los limones y otros frutos de exportación

En relación al premio y la posibilidad de mejorar el laboratorio Goyanes concluye:

“Queremos constituirnos como un grupo de investigación que desde la ciencia básica brinde soluciones tecnológicas y que pueda ayudar a generar respuestas en el desarrollo de plásticos biodegradables, ayudar a transferir conocimientos desde la universidad al sector industrial, al potenciamiento del país en ese sentido.

Pero, no hay transferencia tecnológica sin ciencia básica”.

Por Lis Tous
df.uba.ar

jueves, 18 de agosto de 2016

Nanomagnetismo: un aliado en la lucha contra el cáncer


Grupo de Magnetismo y Materiales Magnéticos (G3M) 
del Instituto de Física de la Universidad Nacional de La Plata.

Grupo de Magnetismo y Materiales Magnéticos (G3M) del Instituto de Física de la Universidad Nacional de La Plata.

La hipertermia magnética, un área de investigación aplicada e interdisciplinaria de la física que aporta avances sobre los potenciales usos de nanopartículas magnéticas en la biomedicina.

En el amplio y complejo campo de estudios que ofrece el nanomagnetismo, área que investiga las propiedades, efectos y comportamientos de objetos a escala nano al ser sometidos a un campo magnético, se enmarca el surgimiento del Grupo de Magnetismo y Materiales Magnéticos (G3M) del Instituto de Física de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) dirigido por el investigador superior del CONICET y profesor titular de la UNLP, Francisco Homero Sánchez.


El Dr. Sánchez demostrando el empleo de ferrogeles en laboratorio.

Desde 2009, el grupo orientó su investigación a las posibles aplicaciones de nanopartículas magnéticas en la biomedicina, entre ellas la hipertermia magnética, la magnetofección, el transporte y liberación magnéticos de fármacos.

El tratamiento terapéutico para enfermedades como el cáncer, el desarrollo de tumores o el envejecimiento celular es un tópico de interés para la ciencia y la sociedad en su conjunto.

Del mismo modo, la nanotecnología ha conseguido dar algunas respuestas a necesidades en el área de salud.

En este marco, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación realizó un workshop en el mes de junio que reunió a investigadores, científicos y representantes de empresas con el fin de presentar casos de vinculación y transferencia para el desarrollo de bienes y servicios nanotecnológicos.

En este sentido, la hipertermia magnética aparece como una terapia novedosa con altos niveles de selectividad y baja agresividad para curar tumores cancerígenos sólidos localizados.

El procedimiento funciona a modo de un “sistema inteligente” en el cual se utilizan nanopartículas de óxido de hierro, las menos tóxicas para las células, que al ser expuestas a un campo magnético alterno absorben su energía para luego liberarla en forma de calor en los tumores.

De este modo se induce la muerte programada de las células cancerígenas.


Francisco Sánchez y Pedro Mendoza Zélis en las instalaciones del Instituto de Física de la Universidad Nacional de La Plata

“La ventaja de trabajar con nanopartículas magnéticas es su comportamiento, podemos manipularlas externamente para que cumplan una tarea, es decir, podemos tener una respuesta a demanda en forma remota”, explica Sánchez, quien lleva adelante el proyecto de investigación junto a Marcela Beatriz Fernández van Raap.

En lo que respecta a los aportes que ha realizado el grupo G3M en la materia, se ha avanzado en la generación de protocolos de síntesis de nanopartículas, la evaluación de niveles de citotoxicidad (toxicidad a nivel celular) en cultivos específicos, la definición de nanopartículas y campos magnéticos óptimos, la identificación de los mecanismos por los cuales éstas disipan el calor y  la evaluación in vitro del efecto de la hipertermia magnética en cultivos de células determinados.

Asimismo, el grupo trabaja con ferrofluidos, un elemento que permite tener a las partículas en una suspensión coloidal estable, es decir, con propiedades estables en el tiempo y con geles magnéticos aptos para transportar y liberar fármacos.


Incorporación de complejos RAd-NPMs en células musculares luego de la sedimentación magnéticamente inducida.

A su vez, éstos deben ser compatibles desde el punto de vista biológico:

“Los problemas con los que nos encontramos implican la transversalidad entre disciplinas, al mismo tiempo hay que satisfacer requisitos biológicos y físicos, y muchas veces lo que optimiza la parte física no necesariamente es aceptable desde el punto de vista biológico o viceversa”, comenta Andrea Pereyra, integrante del grupo que también realiza investigaciones en el equipo del Dr. Rodolfo Goya del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de La Plata (INIBIOLP).

Por su parte, en lo que refiere a los próximos avances en materia de hipertermia magnética, se está comenzando a trabajar in vivo, es decir, utilizando un modelo más próximo a lo que sería el desarrollo de tumores humanos, experimentando con ratones de laboratorio en colaboración con la doctora Patricia Setton del Instituto de Química y Fisicoquímica Biológicas – CONICET / UBA (IQUIFIB).

Para tal fin, el grupo cuenta con un aplicador de radiofrecuencia desarrollado por el laboratorio LEICI de la Facultad de Ingeniería Electrónica de la UNLP.


Aplicación de campos magnéticos durante la magnetofección in vivo en ratones.

El G3M está conformado por los investigadores miembros del CONICET Francisco H. Sánchez, Marcela Beatriz Fernández van Raap, Pedro Mendoza Zélis, Gustavo Alberto Pasquevich, Guillermo Arturo Muñoz Medina, Daniel Actis, Paula Soto, Nicolás Mele y mantiene una fructífera colaboración interdisciplinaria con otros grupos del país y del exterior, en cuyo marco se forman los becarios post doctorales Diego Fernando Coral, Andrea Pareyra, Diana Arrieta Gamarra, Juan Manuel Orozco Henao.

El grupo reúne a doctores y doctorandos en física, ciencias biológicas, medicina e ingeniería y a becarios de países como Colombia, Perú y Argentina.

Se trata de un grupo interdisciplinario que centra sus estudios en la producción, manipulación y aplicaciones de nanopartículas, abordándolos desde la física básica, coloides y geles magnéticos, abordando el diseño de  materiales, su física básica y la optimización de sus respuestas ante estímulos magnéticos aplicados externamente.



Mincyt

miércoles, 29 de junio de 2016

Más cerca de fabricar circuitos de nanopartículas


Julian Gargiulo, Ianina L. Violi y Fernando Stefani en el laboratorio de CIBION. 
Fotos: CONICET Fotografía. Verónica Tello.

Científicos del CONICET lograron un importante avance en la manipulación óptica de partículas nanométricas.

En el Centro de Investigaciones en Bionanociencias “Elizabeth Jares Erijman” (CIBION-CONICET) investigadores encontraron la clave para imprimir nanopartículas de 60 nanómetros (un nm es 10 millones de veces más chico que un centímetro) a una distancia menor a 300 nm, e incluso lograron conectarlas, como se puede ver en el ejemplo de un dímero formado por una nanopartícula de oro y otra de plata (ver imagen 1).

Los resultados de este trabajo, cuyo autor principal es Julián Gargiulo, becario doctoral del CONICET en el CIBION, fue publicado en la revista Nano Letters, de la Sociedad de Química de los Estados Unidos.

El uso de nanopartículas está ampliamente extendido y, por ejemplo, se utilizan en biosensores ópticos para medir variables fisicoquímicas que determinan la presencia de patógenos, enzimas, virus u otros microorganismos.

También se han utilizado en los test de embarazo en tiritas: las banditas rojas son de nanopartículas de oro modificadas en su superficie.

“Las nanopartículas coloidales se encuentran suspendidas -como flotando- en un líquido, y con la técnica de impresión óptica que desarrollamos en CIBION se puede ‘agarrar’ una nanopartícula desde el líquido y ubicarla en una determinada posición sobre una superficie”, explica Fernando Stefani, investigador independiente del CONICET y vicedirector del CIBION.

El método funciona por fuerzas ópticas aplicadas sobre las nanopartículas con láseres enfocados.

La luz aplicada genera sobre las nanopartículas una fuerza que las atrae hacia el centro del haz de luz y las empuja contra un sustrato al que se van a pegar.

“El láser las captura y las transfiere al sustrato”, resume Stefani.


Imagen: Mapa de la Argentina de nanopartículas individuales de oro de 60nm. (izquierda) y heterodímero partículas individuales de 60nm. de plata y oro (derecha).

El entendimiento y la posibilidad de dominar la manipulación de las partículas de dimensiones tan pequeñas, explica, es un desafío que será útil para fabricar, por ejemplo, “dispositivos donde nanopartículas de distinta clase se dispongan sobre una superficie para tener una determinada función en conjunto.

Las nanopartículas coloidales nos ofrecen una variedad de propiedades físico-químicas extraordinaria para esto”, enumera.

Superar el límite

El autor principal del trabajo, Gargiullo, se había propuesto investigar qué fenómeno impedía la impresión de nanopartículas a distancias de separación menores a los 300 nm, y eventualmente sentar las bases para conectar nanopartículas mediante fuerzas ópticas.

En ese camino descubrió que al acercar el láser a las nanopartículas ya impresas sobre la superficie, éstas absorben luz, se calientan y generan un gradiente de temperatura que repele a otras nanopartículas.

“Una diferencia de temperatura de algunos grados en una distancia de centímetros o metros -como entre dos personas- no genera ningún fenómeno apreciable.

Pero si esa misma diferencia de temperatura ocurre sobre una distancia de tan solo algunos nanómetros, por ejemplo entre dos nanopartículas, puede impulsarlas al movimiento o generar flujos en el líquido que a su vez movilicen a las nanopartículas”, explica Stefani.

“Lo que descubrió Julián nos permite diseñar estrategias para evitar ese calentamiento y habilita la fabricación de circuitos de nanopartículas.

Es el primer paso hacia la fabricación de circuitos y dispositivos en base a nanopartículas coloidales y define un camino para profundizar el conocimiento sobre los fenómenos físico-químicos que ocurren”, explica y agrega:

“Cuando los conozcamos en detalle, los podremos controlar y estaremos más cerca de aprovechar las descomunales propiedades de las nanopartículas coloidales en nuevos dispositivos”.

Por María Bocconi

Sobre investigación:

Julián Gargiulo. Becario doctoral. CIBION.
Santiago Cerrota. CIBION.
Emiliano Cortes. CIBION.
Ianina L. Violi. Becaria posdoctoral. CIBION.
Fernando D. Stefani. Investigador independiente. CIBION y Departamento de Física, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

CONICET




viernes, 10 de junio de 2016

Un impulso a las energías renovables


De izquierda a derecha: Manuela Kim, Eugenio Otal e Ismael Fabregas.

Científicos del CONICET desarrollaron un fotocatalizador de alta eficiencia.

Apuntan a usarlo para descontaminar agua, desarrollar celdas solares y generar energía limpia y renovable a partir de la luz solar.

Así fue informado hoy por dicho organismo.

Investigadores del Consejo en la Unidad de Investigación y Desarrollo Estratégico para la Defensa.

Investigadores modificaron químicamente materiales semiconductores híbridosconocidos como Metal Organic Framework (MOF) UiO-66-NH2 y lograron modificar sus características para que pueda usar una mayor parte de la energía lumínica del sol en reacciones.

El desarrollo fue realizado en el Consejo en la Unidad de Investigación y Desarrollo Estratégico para la Defensa (UNIDEF) una unidad ejecutora conformada por el Ministerio de Defensa y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) dependiente del Ministerio de Ciencia.

Durante el trabajo lograron ampliar el espectro de absorción de luz, y esto optimizó las características fotocatalíticas – es decir la capacidad de las moléculas de convertir la energía lumínica en química – del compuesto.

“Al ampliar el espectro de absorción de luz del MOF UiO 66 obtuvimos un compuesto cuya actividad fotocatalítica es similar a la del dióxido de titanio, que es el catalizador más eficiente que se conoce”, explica Eugenio Otal, investigador asistente del CONICET en UNIDEF y primer autor del artículo en el que se da cuenta del desarrollo publicado recientemente en ChemComm.

“Tener un fotocatalizador tan eficiente, que además absorba luz visible, puede permitirnos descontaminar el agua, desarrollar celdas solares y hasta romper las moléculas de agua para obtener hidrógeno y con ello generar energía limpia y renovable sólo a partir de la luz del sol, que tiene la gran ventaja de ser gratuita”, afirma Otal.

Lo que diferencia al compuesto obtenido del dióxido de titanio y otras nanopartículas semiconductoras usadas comúnmente para fotocatálisis es que no sólo puede aprovechar y utilizar la radiación ultravioleta (UV), que compone sólo una pequeña parte del espectro electromagnético - alrededor un 4 por ciento- sino que también absorbe parte de la luz visible, que representa cerca de un 43 por ciento.

Los Metal Organic Framework son compuestos sólidos, nanométricos, formados por moléculas metálicas, denominadas clusters, que se unen entre sí a través de moléculas orgánicas – ligandos orgánicos - siguiendo un ordenamiento perfectamente regular en el espacio.

Lo que los distingue de otros polímeros de coordinación metálico-orgánica es que poseen una gran superficie vacía.

Es esta porosidad la que hace de estos compuestos buenos catalizadores y almacenadores de gases.

“La característica que define a los MOF es que son perfectamente regulares, cada parte metálica es idéntica a la otra y lo mismo ocurre con los ligandos orgánicos, por lo que podemos saber su composición química exacta.

Esto nos permite poder trabajar en diferentes modificaciones, tanto de su parte orgánica como de su parte metálica, dependiendo de la propiedad que queramos obtener: que catalice una reacción o que pueda almacenar algún gas, por ejemplo”, explica Manuela Kim, investigadora asistente del Consejo en el UNIDEF.

Para ampliar su espectro de absorción de luz, los investigadores modificaron el MOF-UiO-66-NH2 a través de aplicación, sobre su parte orgánica, de compuestos utilizados comúnmente para teñir telas.

“Esto hizo que el sólido –originalmente blanco- tomará nuevos colores y así optimizara su reacción catalítica frente a la energía lumínica”, cuenta Ismael Fabregas, investigador adjunto de CONICET en el UNIDEF.

Fuente: Prensa CONICET
Mincyt